Kapuscinski, tú que has viajado, te has empapado de las gentes, las costumbres y la historia de lugares que poco o nada conocíamos, has tenido el valor de contarlo como solo un periodista de tu talla puede hacerlo.Nos has dejado un gran legado: la historia, pero vivida en primera persona. Nada te importó caer enfermo de malaria, atravesar todo un desierto o estar a punto de morir de sed si con ello podías acercarnos más a la verdad.

Nos has enseñado cómo es el color, el sabor e incluso el olor de África, porqué un autobús tarda horas y horas en partir o cómo comenzó la guerra de Ruanda. Pero sobre todo lo has vivido en primera persona para compartirlo con nosotros.
Así era Kapuscinski, espejo de periodistas e historiadores, fuente de vivencias personales, muestra de cómo ha de ser un reportero. Hoy te decimos adios, pero nos quedamos con Ébano, El emperador, Los cínicos no sirven para este oficio, Un día más con vida... sus obras maestras, el reflejo de su vida y de las que le rodearon alguna vez.
Gracias Kapuscinski por llenar páginas de tan elaborada pluma, del periodismo más exacto, de las vivencias más reales y los relatos más elaborados.

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